Sheila Bigdely: memoria, justicia y una pregunta incómoda.



El 2 de abril de 2004 quedó marcado para siempre en la historia de Orihuela Costa. Ese día, Sheila Bigdely, una niña, fue brutalmente violada y asesinada en un crimen que conmocionó a toda nuestra comunidad.

Hoy, más de dos décadas después, no podemos —ni debemos— olvidar. Porque recordar a Sheila no es solo un acto de memoria, es una obligación moral y una responsabilidad política.

Pero la pregunta es inevitable:
¿hemos aprendido algo?

Hace poco, otra niña, Chloe, volvió a sacudir nuestras conciencias con un nuevo asesinato. Otra familia rota. Otra infancia truncada. Otra tragedia que nos enfrenta, una vez más, a nuestras carencias como sociedad.

Y entonces, la pregunta se hace aún más dura:
¿qué está fallando en Orihuela Costa?

No podemos hablar de seguridad sin hablar de abandono.
No podemos hablar de protección sin hablar de falta de recursos.

Hoy, miles de niños y jóvenes crecen en Orihuela Costa en condiciones que distan mucho de ser las adecuadas:

Colegios saturados, sin capacidad para absorber el crecimiento poblacional.
Ausencia de un centro cultural que ofrezca alternativas educativas y de ocio.
Falta de espacios públicos seguros donde desarrollarse.

Y mientras tanto, la calle se convierte en el único punto de encuentro.

Eso no es planificación. Eso es dejadez.

Una sociedad que no invierte en sus niños, que no crea espacios seguros, que no anticipa los problemas derivados del crecimiento, es una sociedad que asume riesgos innecesarios.

Recordar a Sheila hoy, tras lo ocurrido con Chloe, no puede quedarse en palabras bonitas ni en minutos de silencio. Tiene que traducirse en acción.

Acción para:

Dotar a Orihuela Costa de infraestructuras educativas suficientes.
Crear espacios culturales y sociales para nuestros jóvenes.
Reforzar la seguridad y la prevención.
Y, sobre todo, dejar de tratar a Orihuela Costa como una zona secundaria.

Porque no lo es. Porque aquí viven miles de familias. Porque aquí crecen nuestros hijos.

La memoria de Sheila y de Chloe nos obliga a ser claros:
no basta con lamentar. Hay que actuar.

Y hay que hacerlo ya.

🕯️ Que su memoria no sea en vano.

Calle del mercado de los sabados.

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