El Ayuntamiento de Orihuela destina cada año una cantidad muy significativa de dinero público a subvenciones, actividades culturales, estructuras municipales y programas de impulso económico. Sin embargo, cuando se analiza con detalle el destino real de ese gasto, la conclusión es clara: la mayor parte de la inversión se concentra en Orihuela ciudad, mientras que Orihuela Costa queda en un segundo plano.
No se trata únicamente de subvenciones puntuales. El volumen económico real incluye tanto ayudas directas como el mantenimiento de infraestructuras y la organización de eventos culturales consolidados.
Las subvenciones a fiestas y asociaciones suponen entre 200.000 y 250.000 euros anuales. Dentro de este bloque destacan las fiestas de Moros y Cristianos, uno de los principales eventos del municipio, así como la Semana Santa de Orihuela y otras celebraciones tradicionales del casco histórico.
Pero el mayor volumen de gasto está en las estructuras permanentes. El conservatorio de música supone un coste anual estimado de entre 600.000 y 1.000.000 de euros. La Escuela Municipal de Danza añade entre 150.000 y 300.000 euros anuales, mientras que el apoyo a orquestas filarmónicas y entidades musicales se sitúa entre 100.000 y 250.000 euros. A ello se suma la programación cultural —teatro, festivales y eventos— con un coste aproximado de entre 150.000 y 300.000 euros al año.
A este bloque hay que añadir otra línea de gasto relevante: los bonos al comercio. El Ayuntamiento ha destinado en distintas campañas alrededor de 50.000 euros anuales para incentivar el consumo en establecimientos locales.
En total, sumando cultura, fiestas, asociaciones y bonos comerciales, el Ayuntamiento destina aproximadamente entre 1,3 y 2,05 millones de euros al año.
Además de las grandes fiestas, Orihuela ciudad concentra la práctica totalidad de la programación cultural municipal: espectáculos en el Teatro Circo, festivales de artes escénicas, conciertos y ciclos musicales organizados desde el propio Ayuntamiento.
En el caso de los bonos comerciales, aunque su objetivo es dinamizar el comercio en todo el municipio, en la práctica gran parte del impacto se concentra también en el casco urbano, donde existe mayor densidad de establecimientos adheridos.
Mientras tanto, Orihuela Costa —con una población elevada y una importante contribución económica al municipio— carece de infraestructuras culturales comparables. No dispone de conservatorio, ni de escuela de danza, ni de una programación cultural estable financiada con el mismo nivel de recursos. Tampoco cuenta con grandes eventos subvencionados de forma significativa.
El resultado es un desequilibrio evidente. Más de un millón y medio de euros al año se concentran en un mismo núcleo, mientras otro con miles de residentes recibe una parte mínima de esa inversión.
Este debate no debería centrarse en eliminar ayudas ni en cuestionar las tradiciones existentes. La cuestión de fondo es el equilibrio. Adaptar el reparto del dinero público a la realidad actual del municipio, impulsar el tejido asociativo en Orihuela Costa y garantizar que todos los vecinos tengan acceso a servicios y actividades culturales y económicas en condiciones similares.
Porque cuando el gasto público se concentra de forma sistemática en un solo territorio, deja de ser únicamente una cuestión presupuestaria. Pasa a ser, claramente, una cuestión de justicia territorial.


