El contraste económico es tan contundente que habla por sí solo. Basta con caminar por sus calles para comprenderlo.
Mientras la ciudad histórica se aferra al pasado y al gasto improductivo, la Costa genera cada año la mayor parte de la riqueza del municipio sin recibir a cambio los servicios que le corresponden.
Orihuela ciudad vive rodeada de ciudades dinámicas y modernas —Elche, Alicante, Murcia y Cartagena—, todas al menos veinte años por delante en desarrollo económico e infraestructuras.
Encerrada en sí misma, Orihuela mantiene un modelo económico anclado en la administración pública con más de 1500 funcionarios ( el dinero que acarrean es lo que hace sobrevivir a Orihuela ) y en una agricultura que por una parte es de calidad pero que apenas deja impuestos y por otra es de mera subsistencia.. Su renta media ronda los 13.000 euros anuales, muy por debajo de la media española, 15000 Euros, y si descontamos los salarios de los funcionarios, se acercaría a 11.000 euros, un nivel compatible con la pobreza.
El tejido empresarial se compone principalmente de pequeños comercios en dificultades y de negocios que dependen del propio Ayuntamiento.
Los museos, las salas de exposición, más de 10 en Orihuela ciudad, y los eventos culturales —en su mayoría financiados con dinero público— apenas atraen visitantes.
Mientras tanto, se gastan más de un millón de euros anuales en promoción turística de una ciudad que no logra retener al visitante más de unas horas y varios millones en subvencionar agrupaciones culturales y festeras de Orihuela ciudad.
El turismo cultural, en Orihuela, es un espejismo.
Mientras Orihuela ciudad tiene un modelo económico débil, basado en el gasto público, sueldos administrativos y una actividad comercial limitada, Orihuela Costa sostiene la economía del municipio casi por completo.
Orihuela Costa, por el contrario, es una potencia económica real y viva.
Aquí se construyen unas 1.000 viviendas nuevas al año, se rehabilitan centenares de hogares y cada verano la población supera las 80.000 personas.
Este flujo constante de actividad genera más del 60% de ingresos anuales para el Ayuntamiento, dentro de un presupuesto total cercano a 140 millones.
Sin embargo, apenas el 25% regresa a la Costa en forma de inversiones y servicios.
Cada nuevo empadronado en Orihuela Costa significa más ingresos fiscales para Orihuela pero ni un euro más para las calles, los parques, las escuelas o los centros de salud de la Costa.
La diferencia se acumula año tras año, creando una deuda histórica que ya no puede ocultarse.
Los datos son claros:
• La Costa genera más del 60% del presupuesto municipal.
• De ese dinero, apenas el 25 % regresa en forma de servicios o inversiones.
• En los últimos 2 años, Orihuela ciudad ha recibido más de 15 millones de euros en inversiones, mientras la Costa ha recibido prácticamente cero.
Esto significa que los vecinos de Orihuela Costa subvencionan cada año al resto del municipio, aunque las pedanías tampoco son tratadas con respeto, sin recibir los servicios mínimos que cualquier ciudad moderna necesita.
La Costa paga como una ciudad, pero recibe como un pueblo olvidado.
Independizarse no es una cuestión sentimental. Es una cuestión económica, social, técnica y profundamente ética.
En términos económicos, la Costa subvenciona a la ciudad, y la ciudad abandona a la Costa.
Esta injusticia no solo indigna. Es insostenible.
Una ciudad moderna no puede vivir eternamente de la energía de otra.
EL FUTURO POSIBLE.
Si Orihuela Costa gestionara sus propios recursos, podría duplicar su nivel de servicios en menos de cinco años.
Con la independencia recibiríamos al menos 20 millones más al año, cada año, para invertir en nuevos servicios o reducir los impuestos aparte de unos buenos servicios esenciales como la recogida de basura, policía, 1 centro cultural, parques y jardines, etc.
La independencia económica no es un capricho: es una necesidad social, fiscal y ética.
Significa administrar lo que generamos. Significa invertir en nuestro propio bienestar.
El día que Orihuela Costa gestione sus recursos sin intermediarios, ese día comenzará su verdadero crecimiento.
Y lejos de perjudicar a Orihuela, será un alivio para todos: una nueva ciudad fuerte y próspera que contribuirá al desarrollo del conjunto de la comarca.

